Cuentos

Jueves, 10 de Octubre de 2013

Debemos ser conscientes de la importancia de la literatura infantil, mediante ella los niños adquirirán actitudes y valores, conocimientos del mundo y de su cultura, desarrollarán su capacidad creativa, imaginativa, d expresión, crítica, etc. Sin duda, como vemos, es un recurso fundamental que ayuda en gran medida a su desarrollo, y además, lo hace de forma amena y divertida pues en la literatura puede ocurrir cualquier cosa y hay historias para todos los gustos.

Por lo tanto desde este blog queremos recomendar que se empiece a fomentar el gusto por la lectura desde el primer momento. El bebé ya puede tener contacto con libros de tela, de diversas texturas, etc, siguiendo con libros con grandes ilustraciones y más tarde incluyendo texto. La lectura es un actividad muy saludable  para el desarrollo del niño y si es compartida con los padres, familia o amigos, más aún, pues crea un gran vínculo de unión.





A continuación mostramos algunos cuentos educativos:

¿A qué sabe la Luna?



                        Hacía mucho tiempo que los animales                        
deseaban averiguar a qué sabía la luna.
¿Sería dulce o salada?
Tan solo querían probar un pedacito.

Por las noches, miraban ansiosos hacia el cielo.
Se estiraban e intentaban cogerla,
alargando el cuello, las piernas y los brazos.
Pero todo fue en vano,
y ni el animal más grande
pudo alcanzarla.

Un buen día, la pequeña tortuga
decidió subir a la montaña más alta
para poder tocar la luna.


Desde allí arriba, la luna estaba más cerca;
pero la tortuga no podía tocarla.
Entonces, llamó al elefante.



- Si te subes a mi espalda, tal vez lleguemos a la luna.
Esta pensó que se trataba de un juego
y, a medida que el elefante se acercaba,
ella se alejaba un poco.
Como el elefante no pudo tocar la luna,
llamó a la jirafa.


- Si te subes a mi espalda,
a lo mejor la alcanzamos.
Pero al ver a la jirafa, la luna se distanció un poco más.
La jirafa estiró y estiró el cuello cuanto pudo,
pero no sirvió de nada.
Y llamó a la cebra.


- Si te subes a mi espalda,
es probable que nos acerquemos más a ella.
La luna empezaba a divertirse con aquel juego,
y se alejó otro poquito.
La cebra se esforzó mucho, mucho,
pero tampoco pudo tocar la luna.
Y llamó al león.


- Si te subes a mi espalda,
quizá podamos alcanzarla.
Pero cuando la luna vio al león,
volvió a subir algo más.
Tampoco esta vez lograron tocar la luna,
y llamaron al zorro.


- Verás cómo lo conseguimos
si te subes a mi espalda-dijo el león.
Al avistar al zorro, la luna se alejó de nuevo.
Ahora solo faltaba un poquito de nada para tocar la luna,
pero esta se desvanecía más y más.
Y el zorro llamó al mono.


- Seguro que esta vez lo logramos.
¡Anda, súbete a mi espalda!
La luna vio al mono y retrocedió.
El mono ya podía oler la luna,
pero de tocarla, ¡ni hablar!
Y llamó al ratón.


- Súbete a mi espalda
y tocaremos la luna.
Esta vio al ratón y pensó:
- Seguro que un animal tan pequeño
no podrá cogerme.
Y como empezaba a aburrirse con aquel juego,
la luna se quedó justo donde estaba.
Entonces, el ratón subió por encima
de la tortuga,
del elefante,
de la jirafa,
de la cebra,
del león,
del zorro,
del mono


y...
...de un mordisco,
arrancó un trozo pequeño de la luna.


Lo saboreó complacido
y después fue dando un pedacito
al mono, al zorro, al león, a la cebra,
a la jirafa, al elefante y a la tortuga.
Y la luna les supo exactamente a aquello
que más le gustaba a cada uno.
Aquella noche, los animales durmieron muy, muy juntos.

El pez, que lo había visto todo y
no entendía nada, dijo:
- ¡Vaya, vaya! Tanto esfuerzo para llegar
a esa luna que está en el cielo.
¿Acaso no verán que aquí, en el agua,
hay otra más cerca?

 
Michael Grejniec




Por cuatro esquinitas de nada


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